Enciclopedia de religiones y creencias del mundo

Historia, teología comparada y cronología • Educación y estudio
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Tradiciones catalogadas 24
Grandes familias 7 ramas
Horizonte temporal 30.000 a.C. - S. XXI
Población mundial > 8.000 mill.
Mostrando 24 religiones

Preguntas frecuentes sobre las religiones del mundo

¿Cuáles son las religiones con mayor número de seguidores en el mundo?

A nivel demográfico mundial, el cristianismo se sitúa en primer lugar con aproximadamente 2.400 millones de fieles sumando todas sus ramas (catolicismo, protestantismo, ortodoxia y otras iglesias), seguido por el islam con más de 1.900 millones de musulmanes (suníes y chiíes). En tercer lugar se encuentra el hinduismo con unos 1.200 millones de adeptos, seguido por la población no religiosa o secular (~1.200 millones), el budismo con más de 500 millones y el sijismo con 30 millones.

¿Qué diferencia esencial existe entre las religiones monoteístas y las tradiciones dhármicas u orientales?

Las religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam) parten de un Dios personal único, trascendente y creador que se revela a través de profetas y pactos históricos, concibiendo el tiempo de forma lineal con una sola vida terrenal, juicio divino y vida eterna. Por el contrario, las religiones dhármicas de la India (hinduismo, budismo, jainismo, sijismo) conciben el cosmos de forma cíclica a través del samsara (rueda de nacimientos y muertes gobernada por el karma) y sitúan la meta suprema en la liberación espiritual (moksha, nirvana o mukti), frecuentemente sin necesidad de un creador personal exclusivo.

¿Por qué el budismo, el jainismo y el confucianismo se consideran tradiciones no teístas?

Porque su doctrina de salvación, ética y cosmovisión no depende de la existencia, voluntad ni revelación de un dios creador providencial todopoderoso. En el budismo, el Buda es un maestro iluminado y la realidad última es la vacuidad e interdependencia de los fenómenos. En el jainismo, el universo es eterno y no creado, centrando la devoción en almas humanas liberadas (Tirthankaras). En el confucianismo, la atención primordial se dirige a la rectitud moral social terrenal (Ren, Li, piedad filial) sin especular sobre espíritus o dioses.

¿Qué vínculo histórico une al judaísmo, al cristianismo y al islam como religiones abrahámicas?

Las tres tradiciones comparten una raíz genealógica y espiritual común en la figura del patriarca Abraham y su pacto con el Dios único. El cristianismo surge históricamente en el siglo I como un movimiento mesiánico judío que reconoce en Jesús de Nazaret al Cristo prometido en las Escrituras hebreas. El islam, nacido en el siglo VII en Arabia, reconoce a todos los profetas bíblicos anteriores (desde Adán, Noé, Abraham y Moisés hasta Jesús) como auténticos mensajeros de Dios, considerando al profeta Mahoma como el sello definitivo que restituye la revelación original pura.

¿Qué es la regla de oro moral y cómo se formula en las distintas confesiones?

La regla de oro es el principio ético universal de reciprocidad y empatía que prescribe tratar a los demás como a uno mismo le gustaría ser tratado. Se formula de manera casi idéntica en todas las tradiciones: en el cristianismo («Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros a ellos»), en el judaísmo («Lo que no desees para ti, no se lo hagas a tu semejante»), en el islam («Ninguno de vosotros será creyente hasta que desee para su hermano lo que desea para sí mismo»), en el confucianismo («No impongas a los demás lo que no elegirías para ti») y en el budismo y jainismo a través del principio de no violencia universal (Ahimsa).

La regla de oro: el puente ético común de la humanidad

A pesar de las notables diferencias teológicas en la concepción de Dios, los rituales y la vida tras la muerte, los historiadores y antropólogos de las religiones destacan la existencia de una ética de reciprocidad compartida por prácticamente todas las civilizaciones. La empatía activa, la protección del desamparado, la moderación personal y la no violencia constituyen el núcleo ético perenne en el que coinciden las grandes tradiciones de fe y el humanismo moderno.